Se encontraba sola, en el desolador desierto, en algún lugar q le sonaba remotamente, como si se tratara de una especide de Deja vù.Allí todo era caos y destrucción. A decir verdad, no era ciertamente un desierto. Restos de una civilización recientemente extinta se veían en lontananza.
Xo ya no importaba.
Podía buscar restos de comida y agua en las naves q encontraba en su interminable camino a ningún sitio.
Al parecer, las formas de vida alienígena lo habían destruido todo. Y ella no sabía demasiado bien (como siempre) cómo había logrado sobrevivir ni si era la única persona en akel mar de confusión y desorden.
¿Dónde podría acudir para saber si era la única? ¿Habría alguien más? Intentó gritar, xo su garganta no emitió ningun sonido en absoluto.
Envuelta en esa situación, no podía hacer otra cosa sino caminar e intentar sobrevivir. Tarea difícil, pues no estaba motivada x ningun tipo de instinto de supervivencia. Siguió caminando y encontró una nave de aliens a pocos kilómetros. No estaba mal, se dijo. Podría parase a descansar un rato e intentar ver la situación fríamente.
Al fin y al cabo, tenía todo un mundo a sus pies xa poder hacer lo q le placiera. Podía usar las transmisiones radiofónicas de la nave xa intentar establecer contacto. Mierda, no recordaba q no podía hablar. Y, ¿Q coño se supone q comen los alienígenas? Iwal ni sikiera comen o beben...
Decidió dar una vuelta x la nave. Era bastante grande, y parecían haber cosas interesantes. En una despensa encontró algo parecido a carne deshidratada. Sin preguntarse sikiera de q tipo de animal sería, se dispuso a comer allí mismo, en el suelo.
Recordó mientras comía a akellos q le hacían reir y con los q compartía su anterior vida, y no pudo evitar sentirse triste. Xo no podía hacer nada al respecto. Kizá alguno habría conseguido sobrevivir tb, kien sabe.
Tras el almuerzo y una bien merecida siesta, consiguió ver las cosas de otra manera. No importaba si era la única persona en el mundo, al fin y al cabo, tampoco es q fuera una persona demasiado sociable.
Y una sonrisa se dibujó en su cara. Al fin habían muerto todos akellos q le habían hexo daño. Era una satisfacción tal la q sintió, q no podía creerlo.
Salió de la nave un rato xa observar el mundo con su nueva perspectiva. Y encontró q llovía, al fín. El agua no sólo le produjo una sensación de frescor en la piel y el pelo, sino q la llenó de esperanzas. Ya podía traer alguna botella improvisada y llenarla con el líkido elemento. Ni sikiera se lo había planteado antes de ver llover.
Sobreviviría. Caminaría a ciudades q nunca habría conocido, o incluso podría intentar pilotar uno de akellos caxarros... Era arriesgado, xo q coño, no tenía nada q perder.
Llenó su moxila con akella extraña carne y algunos víveres más q encontró. Tiró del bolsillo de su mono negro las llaves del piso (ya no las necesitaba) y empezó a caminar intentando seguir el rumbo q le marcaba un GPS q halló momentos antes en la nave.
Al parecer su posición era 36°36'25.88"N, 115°58'48.16"O. A medio camino entre Camp desert Rock, el Area 51 y Las Vegas, si sus conocimientos de geografía no le fallaban. Las 6 hora zulu según el aparato.
Estaba decidida. Encontraría a alguien, si es q había alguien más. Y sino, tenía el mundo a sus pies, comida, un pakete de Winston, cerillas y una Eagle con el cargador lleno.
Q más se puede pedir.